Lino Félix Vizcaíno Sarria
Lino Vizcaíno nació en Guanabacoa, Cuba en 1958.
Artista autodidacta, se matriculó en varios talleres, entre otros, de gráfica y dibujo.
Exponente de la temática ¨Afro-Cuba¨.
2007 – “Okantomi” (Con Todo Mi Corazón), Galería In La’Kech, Mérida, México.
2006 - “Una Doble Mirada a la Transculturación”, Galería Orígenes, Centro Habana. (Con el ceramista Carlos Manuel Puyalena).
2004 – “Al Filo del Tiempo”, Galería del Hotel Nacional de Cuba, Vedado
2003 – “Entre Ambos Mundos”, (con el pintor Rubén Vázquez L.) Centro Provincial del Libro y la Literatura, Centro Habana
2002 - ¨Diálogos y Encuentros¨ Galería Merceditas Valdés, Habana Vieja.
- ¨Nada Es, Todo Pasa¨ Galería de la Casa de La Amistad (ICAP), Vedado.
2001 – ¨Ecos del Tiempo¨ Galería Merceditas Valdés, Habana Vieja.
2000 - ¨Voces de una Huella¨ Galería Concha Ferrant, Guanabacoa.
1996 - ¨Sin Título¨ VIII Festival de Raíces Africanas, Casa de la Cultura de Guanabacoa.
1995 - ¨Sin Título¨ Casa 18 de ARTEX.
1994 - ¨De los Peces y los Güijes”, Galería Benito Ortiz, Trinidad.
Más de 33 exposiciones desde 1994 (lista completa a disposición), de las cuales destacan:
2008 – “VI Salón Nacional ¨Lo Africano en la Postmodernidad”, GaleríaConcha Ferrant, Guanabacoa.
2007 -“International Carribean Art Fair¨, The Puck Building, New York, EE.UU.
- “The Way of the Saints: African Symbolism in Cuban Art”. “York Quay Centre” Gallery, Harbourfront Centre, Toronto, Canadá.
2006 -¨Encuentro de Pintores Cubanos¨, Ayuntamiento de Alicante (Valencia), España
- ¨XII Salón de Arte Erótico¨, Galería “Fayad Jamis” , Alamar.
2003 - ¨Magia Yoruba¨, Palacio de las Convenciones, Miramar
- ¨Arabesques¨, Galería del Restaurante “El Ñandú”, Chicago, EE.UU.
1994 -¨Pintura Cubana Contemporánea¨, Fiesta de L’Unità. Reggio Emilia, Italia.
2008 -Segundo Premio en el Sexto Salón de Artes Plásticas “Lo Africano en la Postmodernidad” , Galería “Concha Ferrant”, Guanabacoa.
-Mención en el Salón Colectivo “Concha entre Nosotros”, Galería “Concha Ferrant”, Guanabacoa.
2003 -Mención Especial en el Concurso “Angola en la Memoria”. Convocado por la Embajada de la República Popular de Angola.
1999 -Segundo Premio en el Salón de Artes Plásticas “Regla de Ocha”, Galería “Merceditas Valdés”, Habana Vieja.
Canadá, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania y México.
Casa de la Cultura de Angola, en Ciudad de La Habana
Ya se ha escrito hasta el cansancio sobre Lino Vizcaíno y el tema de la Santería y sus Orishas, pero siempre en monólogos cerrados, siempre obviando la estética y técnica de sus imágenes. Sin embargo, su hermosísima obra merece una lectura más abierta y reflectiva.
La obra de Lino Vizcaíno es única tanto en su temática como en su ética, estética y originalidad.
Uno de los grandes exponentes de la temática ¨Afro-Cubana¨, por sus raíces africanas obvias, la obra de Lino destaca en una telaraña de tracé monocromático de tinta negra pura, de donde sobresale una diosa en forma bidimensional que nos remite tanto a las esculturas africanas como a las pinturas de Altamira. En un convivir entre la simplicidad de la pluma, la intensidad del tracé, la fuerza de la tinta y el impacto visual, el artista ha sabido, con una elocuencia sui generis, integrarnos en su mundo al son de un tambor que buscamos sin encontrarlo jamás pero que sueña con todas sus vibraciones y truenos. Una obra majestuosa, vibrante de son y misterio.
Así, a través de una técnica tan original como única, el artista alcanza darnos una visión ubicada más allá del presente y su realismo, y que nos sitúa en la universalidad atemporal de las culturas y, por ende, del arte.
Sin ser principalmente religiosas, tampoco agnósticas, sus obras recopilan el vocablo de la naturaleza a través de dioses y diosas, elementos y dueños de la Madre Naturaleza con quien convivir y respetar de manera cotidiana, según la costumbre. Así, el artista no nos propone tanto una re-interpretación plástica de sus lenguaje, sino un homenaje a la continuidad de lo cotidiano, vista desde el punto de quien vive en comunión con la memoria ancestral, enseñada desde la tatarabuela de la tatarabuela, a fin de guardar viva una identidad tan arcaica como olvidada de su origen, que asienta, más allá de sus raíces de siglos atrás y ya olvidados, su realidad de hoy, ayer y mañana. Símbolo de lo eterno y lo sagrado, esta continuidad perenne asegura la herencia de su identidad, su dignidad y su orgullo.
Comenta el artista de su obra:
El carácter mágico-religioso presente en mi obra – lo oculto, lo codificado y lo anecdótico – es recreado en la misma conectando al espectador con una realidad que convive con lo ancestral, lo místico, lo supersticioso, la naturaleza y su relación con la gente que profesan estas religiones, enraizadas, hoy día, en la cultura popular. El blanco y negro conllevan hacia una expectativa discursiva muy favorable al respeto que le tributa mi obra al legado sagrado y ceremonial de los que ya no están.
Aparecen en mi trabajo elementos que rememoran los objetos de poder, para invocar a los espíritus y a los Orichas (santos) a través de los cuales se establece una comunicación entre el mundo profano y el mundo sagrado.
Me integro a la tradición popular cubana, con mis creaciones, atento y preocupado por las referencias africanas, en muchas ocasiones centro mi interés en los elementos (cotidianos para muchos) conectados con los rituales religiosos.
El Panteón Yoruba está conformado por una compleja red de entidades que se manifiestan de múltiples maneras en mis trabajos formando una amplia gama de matices. Gran parte de nuestros Orichas carecen de representación a través de imágenes, lo cual posibilita que cada artista cree un universo muy personal de los mismos, haciendo uso de los atributos que propician un encuentro con un mundo misterioso y fascinador.
Me manifiesto con sistemas de representaciones que apelan a símbolos y ritos de contenido mágico y místico-religioso estrechamente relacionados a la naturaleza humana, a la vida cotidiana y a los ancestros (espíritus); ellos están muy vinculados con la tierra y las fuerzas de la naturaleza, algunos elementos, como la vegetación, consideran animadas por espíritus a los que ofrecen albergue, por ello las plantas constituyen un leitmotiv en mi obra.
Los cuerpos de las figuras aparecen marcados por texturas visuales, a manera de grandes tatuajes, que jerarquizan y centran el interés en las figuras, donde la piel puede ser una zona de contacto, engañosa, mutante y transfiguradora.
Con la ejecución de mis dibujos, los cuales son producto de asociaciones que establecí con el entorno religioso-familiar en el cual crecí, pretendo en fin, con todo el respeto que merecen los ancestros, rendirles tributo y darle continuidad al legado dejado por la diáspora africana.